lunes, 2 de noviembre de 2009
lo sucedido no rozaba el margen de lo real. (continuacion de 14/10/09)
solo, a esas horas de la noche y después de un suceso así, no quedaba otra cosa acertada para hacer mas que visitar a mi viejo amigo Billi.
Conozco a Billi desde antaño, de esas épocas en las que ambos mediamos no mucho más de 130cmts.
Ahora de 1.70mts de altura, con unos pelos cortos y lacios
comúnmente “peinado” hacia el lado derecho, abultada patilla y un resaltado
mostacho al mejor estilo Frank Vincent Zappa que separa su pronunciada nariz de su boca. Billi nunca dejo de ser un verdadero excéntrico, uno de esos
que se encierran en sus libros, en su música, en sus cosas, un infeliz, adjetivo del que siempre se jacto con gusto. En un momento como ese, la única persona a la que le podía contar que una bala de plomo se enterró en mi cuerpo, pero que en verdad la bala nunca impacto, sino que fue como un pseudo walicho martillado por un loco vagabundo que jamás había pasado por ahí; esa persona tenia que ser billi.
Toque timbre en el pasillo, y a los 20 segundos como de costumbre, se escuchaba ladrar su puerta y aparecía llave en mano, con una sonrisa clavada, entramos, sirvió vino y me leyó un poco de sus ultimas anotaciones.
Luego de detallarle la misma historia 2 veces para sacarle todo tipo de duda de lo sucedido, poniendo hincapié en todos los detalles que demuestren veracidad del hecho; enrolo la sativa en el papel de arroz y me pidió que me aleje de los barbitúricos, que la dependencia a ellos me estaban afectando y que el periodo de abstinencia me seria mas duro conforme las alucinaciones sean mas seguidas.
miércoles, 14 de octubre de 2009
Yacía boca arriba (continuacion de 19/08/09)
Sin mucho esfuerzo me puse de pie, sin pensar tal vez que el tipo podría rematarme de lleno a los sesos apenas viera que su disparo no fue lo suficientemente certero como para darme muerte. Por el contrario, el trastornado sicario de lo desconocido se esfumó como la pólvora. Ni siquiera se llevo mis pertenencias de souvenir. ¿Qué clase de enfermo sale a amenazar de robo a la gente, solo para fusilarla de frente? ¿Será un milico retirado con ansias de zurditos muertos? Preguntas sin mucho sentido que se me hicieron en la cabeza mientras volvía de camino a mi hogar, preguntas que aparecieron mucho antes, —cuadras antes para ser preciso— de cuestionarme ¿por qué no me retorcía del dolor a causa del perdigón de metal incrustado entre los músculos? Toqué mi hombro izquierdo: mi abrigo estaba roto sobre el punto donde sentía el dolor, dolor que se expandía desde el epicentro del impacto hacia todos mis hemisferios. Pero no había sangre, ni carne en exposición, ni perforación sobre la dermis. El dolor seguía creciendo, pero no era dolor por alguna infección, ni por el entumecimiento de los músculos dañados, sino un dolor en forma de virus, de virus de computadora, propagándose dentro de mi persona material a pasos agigantados, separando todas y cada una de mis composiciones. El problema no estaba sobre el cuerpo, ese era controlable, la situación se tornó difusa cuando, con la intención de dirigirme a mi casa, me sorprendí caminando hacia el lado contrario, a pesar de saber el trayecto del camino a casa, de saber cómo hacerlo, de pensar e imaginarme por un rato que realmente lo estaba haciendo, cuando en una realidad más compleja estaba a 8 cuadras de mi casa, y a 3 de donde sufrí el impacto.
todo con todo
La necesidad del hacer
y el querer ser, y el ser que se es
y las letras de los natas
y el sexo según Alex grey
La meditación como forma de crea un lugar
adentro de otro lugar
adentro de otro
y hacerse
Chi
Qui
ti
t
o
y la interzona que nos arrastra
al fondo del acelerador sin documentación
directamente a contramano
del pulmón citadino bañado en cemento
bancos
árboles
y bosta de perro.
miércoles, 19 de agosto de 2009
volátil, como pólvora.
Y estaba ahí, parado frente a mí, con el revolver calibre 38 apuntándome a la altura del pecho. Y yo también ahí, completamente embebido en sudor, con una taquicardia tal que podía sentir mi corazón rozando el broche de la corbata.
No llegué a entender con exactitud nunca esa situación, un completo desquiciado, nervioso como nunca se abra sentido, pidiéndome el cigarro armado que tenia en la mano, y mis cosas de valor, dijo que las tirara junto con el cigarro delante de él sin hacer ningún movimiento de mas. Sin mucho titubeo hice paso por paso lo que aquel neurótico desquiciado me pedía; alcancé a sentirme mas cobarde de lo que siempre me sentí (vale aclarar que siempre eh sido un cobarde), me veía ahí, en medio de esa calle por la cual pasaba en forma cuasi-religiosa todas las noches, por la que jamás tuve ningún tipo de inconveniente parecido, ni parecido ni de ninguna índole.
Tan cobarde me sentí entonces, que creo que evoqué una sonrisa, 30% ironía, cargado de otro 40% de vergüenza y el 30% restante era la gracia que me causaba saberme tan cobarde. Ahí mismo, en esos 2 segundos que tardo esa sonrisa me toco vivir algo único en mi vida, en 2 segundos pude percibir todo, sentir las fuerzas que fluían en todas las direcciones, vi el sonido viajar a través de las luces, también pude ver sus poros abiertos, emanando gigantescas gotas perladas de sudor, y se reflejo en sus pupilas un resplandor hermoso, rápido y certero; mientras esos 2 luceros se abrían como las piernas de la mujer que se gana la vida a cambio de gemidos, y su lengua mojaba ambos labios formando una mueca digna del personaje cumbre de Thomas Harris, la mueca perteneciente a un psicópata sociópata. Fue ahí mismo cuando acto seguido de ver el fuego reflejarse en sus pupilas, sentí como el frió del plomo me desgarraba la carne, abriendo paso hacia adentro tanto del poliéster como de los huesos.
Caigo al asfalto mojado con los oídos aturdidos del martilleo del gigante de acero, con detalles en plata y empuñadura de marfil Quede anonadado, completamente inmóvil, sin poder sentir casi media parte del cuerpo, no atine ni a tocarla, ni a moverla, yo ya era medio de lo que era hacia 3 segundos atrás.
No habían dudas, una mitad de mi se despidió junto a la pólvora, se esfumo y me dejo con el otro gran porcentaje de mi ser, un porcentaje del cual el ser es consiente de su existencia, pero que desconoce en forma completa sus características, Me quede con un porcentaje de mi ser que yo mismo ocultaba, la basura bajo el tapete, dentro de la bolsa de consorcio, negra como el resentimiento que puede tener ese porcentaje de mi, a quien creo ser yo.
